La muerte de un burócrata es una sátira social donde se ridiculiza
el trámite interminable de documentos de las agencias de administración
pública, lo cual hace casi imposible que el ciudadano obtenga la ayuda que
necesita. Se hace una comparación de la muerte, con los trámites burocráticos, porque ambos son lentos, tristes y engorrosos.
Se vincula el tecleo de la máquina de escribir con los compases de una
marcha fúnebre. Este vínculo Muerte-Burocracia se manifiesta tanto en el plano
de la acción de la película, con las tribulaciones de la familia, y también con la proliferación de los utensilios gremiales- cuños, sellos, lápices, presillas, registros-
y en las delirantes iniciativas y exhortaciones que la burocracia disemina
mediante pancartas y carteles. En lo
que se refiere a las pancartas y carteles podemos poner como ejemplo la tela
que el Administrador del cementerio y futura víctima despliega con meticuloso
entusiasmo de una pared a otra de su oficina: SALUDAMOS EL DIA DE LOS
DIFUNTOS, y el cartelillo que
aparece sobre una lúgubre figura que espera sentada sobre el portal: YO ESTOY
EMULANDO. Los cohetes que conducen lentamente los mensajes burocráticos de un
escritorio a otro es un ejemplo más. La muerte del administrador del cementerio es una prueba de lo
que la burocracia alienta en el público que requiere el servicio, provoca que se pongan ansiosos lo que los lleva a violentarse por lo lento y
difícil del porceso , y lo cual puede
interpretarse jocosamente en el sentido de que el burócrata sólo deja de ser y
actuar como burócrata únicamente cuando muere, nunca mientras vive entiende lo inútil
del papeleo, y lo molesto que se pone el que gestiona los trámites.
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