jueves, 20 de septiembre de 2012

Reflexión sobre La muerte de un burócrata


La muerte de un burócrata es una sátira social donde se ridiculiza el trámite interminable de documentos de las agencias de administración pública, lo cual hace casi imposible que el ciudadano obtenga la ayuda que necesita. Se hace una comparación de la muerte, con los trámites burocráticos, porque ambos son lentos, tristes y engorrosos.  Se vincula el tecleo de la máquina de escribir con los compases de una marcha fúnebre. Este vínculo Muerte-Burocracia se manifiesta tanto en el plano de la acción de la película, con las tribulaciones de la familia,  y también  con la proliferación de los  utensilios gremiales- cuños, sellos, lápices, presillas, registros- y en las delirantes iniciativas y exhortaciones que la burocracia disemina mediante pancartas y carteles.  En lo que se refiere a las pancartas y carteles podemos poner como ejemplo la tela que el Administrador del cementerio y futura víctima despliega con meticuloso entusiasmo de una pared a otra de su oficina: SALUDAMOS EL DIA DE LOS DIFUNTOS,  y el cartelillo que aparece sobre una lúgubre figura que espera sentada sobre el portal: YO ESTOY EMULANDO. Los cohetes que conducen lentamente los mensajes burocráticos de un escritorio a otro es un ejemplo más.  La muerte del administrador del cementerio es una prueba de lo que la burocracia alienta en el público que requiere el servicio,  provoca que se pongan ansiosos lo que los lleva a  violentarse por lo lento y difícil del porceso , y  lo cual puede interpretarse jocosamente en el sentido de que el burócrata sólo deja de ser y actuar como burócrata únicamente cuando muere, nunca mientras vive entiende lo inútil del papeleo, y lo molesto que se pone el que gestiona los trámites.  

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